La atmósfera en la avenida frente al Nido de Plata se había vuelto densa, casi sólida. Julian colgaba en el aire, atrapado en una red de luz solar geométrica que emanaba de la voluntad del Ancestro. Sus músculos se tensaban hasta el punto de la ruptura, sus colmillos goteaban veneno y sus ojos rojos ardían con una furia impotente. Cada vez que intentaba moverse, la luz del Sujeto Cero quemaba sus runas, recordándole que él era una criatura de la noche intentando morder al mismo sol.
Amelia no a