El regreso al Nido de Plata no tuvo nada de triunfal. Entraron por el hangar privado del ático bajo un manto de invisibilidad electrónica proporcionado por los códigos del doctor Thorne. El silencio del edificio, antes elegante y sofisticado, ahora se sentía pesado, como si las paredes mismas temieran la presencia que Julian traía en brazos.
Caleb estaba sumido en un sueño profundo, una estasis natural que su cuerpo había activado para reparar el daño celular causado por la liberación masiva de