El búnker olía a encierro y a una electricidad estática que parecía emanar directamente de los poros de Amelia. Julian había dispuesto una serie de velas en el centro de la sala principal, no por misticismo, sino para que ella tuviera puntos focales en la penumbra. Él sabía que el poder del Primigenio no era algo que se pudiera domar con fuerza bruta; era una cuestión de sintonía, de encontrar la frecuencia exacta entre la voluntad y la realidad.
—Siéntate —ordenó Julian. Su voz intentaba rec