El refugio no era una mansión, ni un palacio. Era un antiguo búnker de la época de la guerra, oculto bajo una estación de metro abandonada en la zona más industrial de la ciudad. El aire aquí abajo olía a óxido, aceite de motor y a la humedad estancada de décadas de olvido. Julian guiaba a Amelia a través de los túneles oscuros, sosteniéndola por la cintura mientras ella se tambaleaba, ebria por la descarga de adrenalina y el poder que acababa de consumir.
Él la depositó sobre un sofá de cuer