El lujo del ático del Aethelgard era un contraste violento con el lugar hacia donde se dirigían. Amelia sabía que para ganar una guerra no bastaba con ser un dios; necesitaba un ejército de aquellos que no tenían nada que perder.
—Los "Suburbios de Sangre" —dijo Julian mientras bajaban por el ascensor privado—. Es donde el Cónclave arroja a los defectuosos. Vampiros que no pudieron controlar su sed, los que fueron convertidos por error, o los que simplemente se negaron a seguir las reglas ari