Alexander fue el primero en reaccionar cuando vio mi cara.
—Voy a mover a toda mi gente —dijo, firme—. Contactos, registros, rastreos. Si ese niño está en esta ciudad, lo vamos a encontrar.
No respondí enseguida. No podía. Las palabras estaban atoradas en mi garganta.
—Pero —añadió, y ahí su voz cambió— tienes que calmarte. Anastasia, escúchame. Aunque lo localicemos, no puedes ir directo por él. No así. Actuar con el corazón es la forma más rápida de perderlo… o de que te maten.
El «tienes qu