La mañana siguiente a la advertencia de Alexander amaneció tensa y silenciosa. Yo estaba en mi habitación, el café frío frente a mí, cuando mi teléfono vibró.
No era un número desconocido. Era el mismo de la foto.
El mensaje era corto y lo que estaba escrito me dejó sin aliento.
“Quiero el Archivo ‘Fénix’ de la caja fuerte de Volkov. Tiene 24 horas. Si no coopera, aténgase a las consecuencias.”
Esto no era un juego. Porque quien escribe así no amenaza por diversión. Es alguien que ya decidió a