No podía moverme.
Su mano seguía alrededor de mi muñeca. No apretaba. Solo sostenía. Como si temiera que fuera a salir corriendo si me soltaba. Y en parte tenía razón, lo haría sin mirar atrás.
De repente me atrajo de vuelta.
No fue violento pero lo logró con una facilidad que daba miedo. Un tirón suave y mi cuerpo chocó contra el suyo. Dio un paso. Yo di otro atrás. Retrocedí hasta que mi espalda se encontró con el borde del escritorio.
Quedé atrapada.
Él frente a mí. El escritorio detrás. Su