Trabajar con Alexander otra vez, se sentía extraño.
No por falta de costumbre. Aún no había pasado suficiente tiempo lejos de él como para desacostumbrarme.
Más bien era por todo lo que había pasado entre nosotros.
Pero ahí estábamos. En el mismo lado.
Por los niños. Solo por eso.
De otro modo quizás yo ya estaría lejos con mi hijo. Y nunca más nos hubiéramos vuelto a ver.
El despacho se convirtió en un centro de operaciones. Mapas desplegados, laptops abiertas, armas sobre la mesa. Sus hombre