El día llegó antes de lo que esperaba.
Me desperté con el corazón en la garganta. Me vestí con cuidado, revisé cada detalle, aunque nada parecía suficiente. Cuando salí, Alexander estaba en el pasillo. No preguntó si quería que me acompañara. Solo dijo: "Te llevo."
No discutí.
El trayecto hasta la institución fue un borrón. Las calles pasaban, los semáforos, la gente. Yo no veía nada. Solo pensaba en él. En su cara. En cómo me miraría. En si me aceptaría.
La sala en la que tuve que esperar era