Fabritzio encendió el auto, ningún hombre se encontraba cerca ni un guardia, ni un chofer, caminar sin su bastan fe un impacto doloroso a su pierna, una punzada constante le martirizaba a cada paso.
Subió a la única camioneta que estaba intacta en medio del desastre, por suerte las llaves estaban pegadas, encendió el vehículo y arranco dejando atrás su imperio cayendo en pedazos y llamas.
Habia fracasado, no tenía nada. perdió a su hija, perdió a Azahara, perdió a los doce de lobos, sus proyect