La risa de Bastian retumbo en su mente, tan clara y siniestra, escalofriante, escuchaba su tono altivo dentro de él, como si se trata de un sentimiento propio lo sentia en su pecho, pero no era suyo si no de la enorme bestia frente a él y eso lo hacía creer que estaba perdiendo el juicio.
—¡Maldita bestia!—exclamo con un gesto de horror.
—“Que patético” —continuo Bastián entre risitas, dio dos pasos con lo que consiguió estar tan solo a un paso de Magrini, acorralándolo en aquella habitación, a