La seguridad de Magrini se duplico después de la desaparición de Bastián, Azahara era testigo del miedo que paralizaba a Fabritzio. El cobarde tenía una cola muy larga para pisarle, no era en vano su miedo.Durante tres días y noches observo cada movimiento de Fabritzio Magrini. Registro sus horarios los sitios que frecuentaba fuera de la clínica. Era un hombre exacto, con una rutina monótona y aburrida.Luna Dorada, su café bar favorito, cada noche asistía a beber un par de tragos, sus relaciones eran nulas, amantes no parecían estar interesado en alguna mujer, aunque ellas se acercaran con coqueteos, siempre volvía a casa solo.Reviso su reloj, dos minutos para la siete, en dos minutos saldría para abordar su auto, esa noche se haría notar de cualquier manera, el primer paso era ganarse su confianza, observaba desde dentro de un pequeño auto rojo. Un movimiento extraño activo sus alertas, un par de hombres con los rostro cubierto y vestidos de negro trotaron en dirección a la puer
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