Ginevra Giovanni
El regreso a la mansión no tuvo nada de la calidez que se espera de un retorno al hogar tras una noche de bodas. El coche blindado cruzó las puertas de hierro con una pesadez fúnebre, y en cuanto los neumáticos chirriaron sobre la grava, sentí que las paredes de la propiedad se cerraban sobre mí como las mandíbulas de una bestia de piedra. Mikhail no perdió tiempo en galanterías ni en simulacros de afecto frente al servicio; ni siquiera permitió que las empleadas se acercaran a