Ginevra Giovanni
El desayuno se servía con una elegancia que me resultaba repulsiva. La platería brillaba bajo la luz de la mañana y el aroma del café recién hecho llenaba el comedor, pero para mí, cada detalle de la mansión se sentía como parte de un decorado teatral que estaba a punto de desmoronarse. Mikhail estaba sentado frente a mí, revisando unos informes en su tableta mientras comía con la calma de un hombre que ha puesto el mundo en orden. Tras la conversación con Dominik, el silencio