El último tramo del viaje no fue solo un trayecto físico, sino un descenso hacia el silencio absoluto. Cuando el pequeño tren de montaña finalmente se detuvo con un chirrido metálico que rebotó en las laderas nevadas, me encontré en un lugar que parecía haber sido olvidado por el tiempo. El pueblo era poco más que una hilera de edificios de madera rústica, con techos inclinados cargados de nieve y chimeneas que escupían un humo gris y acogedor hacia un cielo de un azul gélido.
Bajé del vagón ca