Verónica y Emanuel se despertaron el sábado con la suave luz del sol filtrándose por las ventanas de la cabaña. Habían pasado la noche juntos, entre risas, susurros y caricias, y ahora, mientras el nuevo día se desplegaba ante ellos, sus corazones estaban ligeros, llenos de una alegría renovada.
—Buenos días —susurró Emanuel, acariciando el rostro de Verónica, quien sonrió mientras se acurrucaba más cerca de él.
—Buenos días —respondió ella, plantando un beso suave en boca .
Después de un desay