Pasaron los meses como si el tiempo se hubiera vuelto blando, redondo, lleno de ternura.
El embarazo de Joselín fue como un remanso después de la tormenta.
Hubo días de miedo, sí.
Hubo noches de insomnio y alguna lágrima suelta por cosas que ya no dolían, pero que habían dejado huellas.
Pero sobre todo, hubo amor.
Un amor sereno, fuerte, comprometido.
Stephen era su escudo, su compañero, su paz.
Y Joselín era luz, alegría, valentía.
Y así, cuando llegó el día, fue como debía ser:
Felipe nació p