Diego se gastaba el dinero del futuro de Caro en juegos y alcohol, sin ningún remordimiento. Cada día se hundía más en su vicio, mientras que Georgina, a quien había dejado a un lado, caía en un estado de desesperación que bordeaba la locura. El rechazo de Diego y la pérdida del control sobre la situación la consumían. En su mente trastornada, la culpa recaía completamente en Verónica. La idea de que Verónica había orquestado todo, que había enviado a Diego para enamorarla y luego robarle, era