La luz tenue de la madrugada se filtraba por las cortinas de lino, acariciando con suavidad las sábanas arrugadas. Pamela permanecía entrelazada a Cristhian, aún sintiendo los ecos de la pasión que los había envuelto horas antes. Su respiración era pausada, tranquila, pero su mente no descansaba. En aquel instante en que el silencio parecía pleno, una inquietud invisible rozaba el ambiente como un susurro distante.
Cristhian, con los ojos aún cerrados, apretó suavemente la cintura de Pamela con