El sonido de la tormenta golpeando los ventanales de la nueva casa era apenas perceptible entre los murmullos inquietos que llenaban el aire. Pamela caminaba en silencio por el corredor, descalza, con la bata de satén rozando el suelo de madera. Había intentado dormir después de calmar a Abigail tras otra pesadilla, pero algo la mantenía alerta… algo que no sabía si nacía del miedo o de la intuición.
La lluvia caía como un telón sobre el jardín y, a través de los cristales empañados, apenas se