Pamela caminaba descalza por el suelo de madera pulida. El crujido suave bajo sus pies era lo único que rompía el silencio de la casa nueva. Las paredes blancas, aún impregnadas del aroma a pintura fresca, parecían respirar con ella, acompasadas con el ritmo de su corazón. No había cuadros colgados ni muebles completamente instalados, pero algo en ese vacío se sentía como promesa, no como ausencia. Como el primer respiro antes de una gran función.
Desde la cocina, el sonido de risas suaves le l