Las gotas de lluvia golpeaban el ventanal del pequeño departamento donde Pamela se había refugiado. La humedad envolvía el aire como una caricia inquietante, mientras la ciudad, allá afuera, seguía palpitando con su ritmo frenético. Estaba sentada frente a su laptop, con los ojos fijos en la pantalla, pero su mente divagaba entre recuerdos confusos, rostros en penumbra y las palabras que Matías le había dejado retumbando en el pecho.
Desde la confrontación con Cristhian Guon, no había vuelto a