Horas más tarde, en el penthouse, Pamela descansaba, sedada tras el shock. Cristhian hablaba por teléfono en voz baja.
—Localicen a ese bastardo. Quiero saber quién es, de dónde salió y qué conexión tiene con Leonard. Y quiero vigilancia completa en la puerta. Nadie entra sin que yo lo sepa.
Colgó. Caminó hasta la ventana. Desde allí podía ver la ciudad, brillante e indiferente a su sufrimiento.
Apretó los puños.
No permitiré que te la quiten. No a ella también.
Pamela despertó envuelta en una