Alex se detuvo en el acto. Como si el mundo hubiera sido arrancado de su eje. El silencio cayó pesado, cortando el viento, cortándole el aire a los pulmones. La frase quedó suspendida un segundo… y luego pareció estallar dentro de él.
El peso de Isis sobre sus hombros se volvió distinto. No porque ella hubiera cambiado… sino porque, de repente, comprendió que no solo la estaba sosteniendo a ella. Alex tragó saliva. La respiración se le quedó atascada en el pecho.
—¿Qué? —la voz le salió ronca,