Ísis se quedó en silencio un instante. Y luego habló, agotada.
—Tú me dijiste tantas cosas, Alex… —susurró—. No consigo olvidar nada. Todavía sangra y, aun así, sigo amándote. —Respiró hondo y el tono se volvió más crudo—. Además, no vas a aceptar mi profesión. Y yo no voy a renunciar a esta oportunidad que me está dando la vida por ningún hombre.
Ísis esbozó una sonrisa de lado, triste.
—Solo renuncié por Caio porque se estaba muriendo. Y aun así… él vivía peleando conmigo porque mi vida estab