Ísis aprovechó un segundo de distracción y se zafó del agarre de Alex, metiéndose entre los dos. Las lágrimas le corrían sin control.
—¡Para! ¡Por Dios, para con esto! —suplicó, con la voz rota—. ¡Mira lo que estás haciendo, Alex… mírate!
Respiró hondo, intentando recuperar aunque fuera un mínimo de control. Luego giró el rostro hacia Henrique, con los ojos enrojecidos pero firmes.
—Puedes irte, Henrique. Yo me voy con él.
Henrique dudó. Su mirada bajó un instante al brazo de ella, evaluando si