Fue entonces cuando Liam se levantó por completo. El cuerpo tenso, la voz cargada de una rabia contenida.
—El tiempo en el que debiste haber sido una madre de verdad… lo desperdiciaste. —dijo, con la voz baja y controlada, lo que hacía todo aún más cruel—. Estabas demasiado ocupada humillándote por un hombre que nunca te eligió de verdad. —dio un paso al frente, con la mirada fría, sin un solo rastro de compasión—. Un hombre no respeta a la mujer que aceptó vivir como “la otra”. Solo la usa mie