El almuerzo transcurrió sin nuevos sobresaltos. Entre conversaciones más ligeras, risas puntuales y silencios cargados de significado, los platos fueron retirados uno a uno. Cuando se dieron cuenta, ya estaban en el postre.
En cierto momento, Bárbara se volvió hacia Olívia, apoyando el codo sobre la mesa, con una sonrisa demasiado contenida para ser inocente.
—Imagino que ver a tu familia aquí… —comentó, con un tono calculado— …hace que todo resulte más real.
Olívia sostuvo la mirada sin titube