El aire en el pasillo pareció volverse más pesado, denso, como si incluso las paredes absorbieran la tensión entre ellas.
Olívia permaneció en silencio durante algunos segundos. No apartó la mirada. No se explicó.
Bárbara sonrió, sintiéndose victoriosa.
—Tu silencio lo dice todo.
Entonces Olívia reaccionó. Con un movimiento firme, retiró el brazo, liberándose del contacto invasivo. El gesto fue controlado, pero cargado de un límite claro.
—Una persona no necesita decir “te amo” para demostrar a