Bárbara entró en el salón con pasos tranquilos y una sonrisa en los labios. Laura alzó la mirada despacio, posándola sobre ella con una media sonrisa afilada.
—Prima… —empezó, apoyando los codos sobre la mesa con naturalidad—. Ya deberías saber que solo se recuerda aquello que es importante. Aquello que tiene valor.
Bárbara inclinó levemente la cabeza; la sonrisa se mantuvo, pero los ojos se le ensombrecieron.
—Me encanta tu sentido del humor, Laura —respondió con falsa dulzura—. Las personas m