Los ojos de Luna brillaron de inmediato. Tomó la bolsita con cuidado, como si fuera algo precioso, y esbozó una sonrisa enorme.
—¡Gracias, tía! —exclamó, envolviendo a Olivia en un abrazo espontáneo.
Olivia le devolvió el abrazo, emocionada, y cruzó una mirada cómplice con Laura.
Liam se acercó y se agachó, quedando a la altura de la niña. Su sonrisa fue abierta, genuina, y sus ojos se suavizaron.
—Encantado, princesita —dijo con cariño, inclinando levemente la cabeza—. Eres muy hermosa.
Luna s