Liam no respondió con palabras. Solo la atrajo hacia un abrazo fuerte, definitivo.
—Te amo, Laura —le dijo junto al oído—. Y deseo que seas muy feliz. Igual que yo lo estoy siendo. —respiró hondo—. Nos lo merecemos.
Ella sonrió entre lágrimas.
—Yo también te amo —respondió—. Y ya estoy siendo feliz. —se apartó un poco para mirarlo—. No te preocupes por lo que pueda pasar. Estoy preparada.
Laura respiró hondo y añadió, con una sonrisa ligera:
—Y no tienes por qué ponerte celoso… el amor que sien