Liam estaba en la mansión, de pie frente al enorme ventanal de la suite. Tenía las manos metidas en los bolsillos del pantalón, los hombros rígidos, el cuerpo demasiado inmóvil para alguien que estuviera tranquilo. El reflejo en el cristal mostraba un rostro serio, la mirada perdida, imposible de descifrar.
Desde el vestidor, Olivia apareció ya lista. Se ajustaba discretamente el pendiente mientras caminaba hacia él.
—Amor, ya estoy lista. Podemos ir. —dijo con calma, sin acercarse demasiado, e