Zoe era una chica complicada, pero con un corazón enorme, de esos que no se pueden ocultar. Hija única y mimada hasta el tuétano, sí, pero también alguien capaz de gestos que no se enseñan, que simplemente nacen. Quienes la conocían bien sabían que podía sorprender con actos de generosidad sincera, sin esperar nada a cambio.
Una tarde, ella y América fueron a comprar comida a un restaurante chino. Habían pedido para llevar; el plan era comer mientras veían Netflix en casa de Zoe, como solían ha