Un "tú eres mía", no es amor.
Cuando América salió del baño, se dio cuenta de que Nathan ya no estaba. El sentimiento de culpa le cayó encima con fuerza. Tal vez no debió hablarle de esa forma, pero tampoco le dejaba otra opción. Además, se sentía al límite: estresada, agotada emocionalmente, frustrada sexualmente. Si al menos él lograra provocarle la mitad de un orgasmo, quizá aún tendría ganas de intentarlo. A veces, el perdón valía la pena, pensó. Pero esa ilusión se le caía de las manos cada vez que su cuerpo la traicio