Sentía algo detestable muy en el fondo de su corazón, no le gustaba, así a la fuerza, nada podría ser lindo. Trató de apartarlo pero en lugar de ceder, hacía lo contrario, con su mano derecha volvió a tocar su pierna pero subía hasta mi intimidad sin frenos, el corazón de la pobre América se aceleró y el miedo reemplaza cualquier otra sensación.
—Dejame, estás loco —le gritó y trató de quitarlo de encima de su cuerpo, pero Jader se aferró a ella mordiendo muy fuertemente el pezón, por lo que a