América tomó el teléfono con manos temblorosas. Necesitaba hablar con Larissa, contarle lo que había pasado. El nudo en su garganta apenas le dejaba respirar.
Había pasado a manos de otro comprador.
Era increíble. La estaban tratando como a un objeto. Tanto, que ya comenzaba a sentirse como uno.
«Solo un par de años… después seré libre», se repitió en silencio, como si aquella frase tuviera el poder de sostenerla. Se imaginó trabajando, estudiando, viviendo sola o con una amiga, teniendo un nov