—Si esto fuera una novela, odiaría al escritor —pensó América, con la mirada perdida al volante—. ¿Cómo es posible que me esté pasando todo esto a mí?
Nunca imaginó que Oliver, su propio hermano, le daría la espalda. Es cierto que tenía un hijo pequeño y otro en camino, pero ella ya no era una niña. Podía trabajar, valerse por sí misma. Aun así, lo que más dolía era la traición emocional.
—Adiós —le había dicho antes de salir corriendo—. Ya me di cuenta de que estoy sola. No puedo confiar en na