—¿Dónde estabas? —preguntó Nathan apenas América pasó por el desayunador.
—No tengo porqué darte explicaciones —respondió con voz firme—. Mejor dime tú, ¿además de infiel, ahora eres un borracho?
Nathan suspiró con fastidio.
—América, pensé que estábamos bien… olvidemos todo —se levantó e intentó tocarla, pero ella retrocedió, esquivando sus manos.
—¿Olvidar que dejaste embarazada a otra? ¿Creés que no tengo dignidad ni amor propio?
Él la miró con una mezcla de frustración y desprecio.
—Tampoco