A la mañana siguiente, cuando Mateo se levantó, Isabella ya estaba abajo, desayunando en el comedor.
Mateo se sentó a la mesa sin dirigirle la mirada a su hija.
Isabella mantenía la vista baja, sabiendo que su papá seguía molesto con ella.
La noche anterior, se había negado a propósito a contestarle la llamada a su mamá. Aunque Mateo no la había regañado abiertamente, ni mucho menos le había puesto una mano encima, esa actitud fría dejaba bien claro lo enojado que estaba.
Desde que colgó la llam