Al ver cómo se llevaban esos dos, a Carlos no le quedó más remedio que suspirar.
Ya iban cinco años, y en lugar de mejorar, la relación entre ellos cada vez se veía peor.
Había intentado acercarlos incontables veces, sin ningún resultado. Ya no sabía qué más hacer.
Después de cenar, Camila quiso lavar los trastes, pero Carlos no la dejó y mandó a una empleada a hacerlo.
Sentados en la sala, se sentía un ambiente bastante incómodo.
Isabella jugaba con sus cartas, hablando de vez en cuando con Car