Justo cuando Isabella terminaba su berrinche en la sala, Mateo salía del cuarto de Carlos.
Al ver las cartas regadas por el suelo, echó un vistazo alrededor, pero no vio a Camila por ningún lado.
Un poco confundido, le preguntó a Isabella:
—¿Y tu mamá?
Isabella, todavía molesta, señaló hacia arriba con la mirada:
—Subió.
Al escucharla, Mateo se quedó un instante desconcertado.
Esa mujer que antes vivía y respiraba solo para su hija, ahora ni siquiera parecía tenerla en mente.
Después de quedarse