La empleada corrió de inmediato hacia la cama y preguntó en voz baja:
—Señorita Isabella, ¿qué le pasó?
Al ver que era la empleada, Isabella lloró todavía con más fuerza.
—Quiero a mi papá, quiero a mi papá...
Golpeaba las sábanas con más fuerza, y no dejaba de patear con las dos piernas.
La empleada intentó abrazarla:
—Señorita Isabella, el señor ya se fue. Dijo que la señora la llevaría al preescolar. ¿Quiere que la ayude a asearse?
Isabella, al ver que las manos de la empleada todavía tenían