Del otro lado de la línea, Valentina, al escuchar las palabras de Isabella, se apresuró a consolarla:
—Isabella, hazme caso, hoy no te bañes. Cuando llegues a casa mañana, yo te baño.
Isabella la escuchó, pero solo respondió con un resoplido:
—Bueno.
Valentina era buena con ella, pero mamá siempre la bañaba con más cuidado, con más detalle.
Aunque, claro, la mamá de ahora ya ni siquiera la quería.
Como Mateo era hombre y no le resultaba apropiado bañar a Isabella, y ella tampoco quiso llamar a n