Al escuchar que Camila había aceptado, a Mateo no le sorprendió mucho. Solo le dijo:
—Entonces paso por ti en la tarde.
Camila lo rechazó sin pensarlo dos veces:
—No hace falta. Yo llego manejando mi auto.
Esa reacción sí tomó a Mateo por sorpresa.
Si hubiera sido antes, al saber que él iría a recogerla, ella se habría puesto tan feliz que probablemente se le habrían salido las lágrimas.
Pero ahora, solo mostraba una calma total.
Mateo no insistió, y añadió:
—Entonces recoge a Isabella de camino