Cyrus llegó a la oficina de su padre todavía con una mezcla de vergüenza, fastidio y algo parecido a resignación. Habían pasado apenas unos minutos desde que Louis los sorprendiera a él y a Stella más pegados de la cuenta en su oficina, y Cyrus aún sentía el eco del jadeo aterrorizado de ella mientras se separaban como si hubieran sido desenchufados de golpe.
Ahora, frente a la puerta de la oficina de su padre, respiró hondo y llamó con los nudillos.
—Adelante —se escuchó la voz grave de Louis,