Stella no recordaba haberse divertido tanto como aquella noche jamás, ni haber bailado como lo hizo junto a Cyrus. Sus pies le dolían por los tacones a los cuales no estaba acostumbrada, el pecho le dolía de tanto reír y el corazón parecía que le iba a explotar de tanta felicidad.
El aire nocturno aún llevaba consigo un rastro del bullicio de la fiesta cuando Cyrus tomó su mano con suavidad, guiándola hacia el auto. Ella también seguía un poco abrumada por todo lo vivido —las miradas, los comen