En ese momento el mundo afuera dejó de existir.
Solo existían ellos dos, el resplandor de las velas, y un profundo deseo de sentirse piel a piel flotando en el aire.
Cyrus la abrazó, sosteniéndola con una suavidad que hizo que Stella cerrara los ojos y respirara profundamente, sintiéndose tan necesitada de él.
Le rodeó el cuello con los brazos, se puso de puntillas y alcanzó su boca.
La boca de Cyrus era dulce, húmeda y muy cálida. Pero en ella también encontraba hambre, necesidad, pasión, amor y devoción. Con sus besos, él accedía a todas las partes de su cuerpo y de su alma.
Hasta en los dedos de los pies sentía su adoración y su deseo.
Cyrus dejó su boca y comenzó a repartirle dulces besos por la mandíbula, el cuello y los hombros. Luego, la hizo girar, apretándose contra su espalda.
El aliento de Stella quedó atrapado cuando Cyrus alejó su cabello ondulado de su cuello, se inclinó a su oído y lentamente abrió la cremallera de su vestido.
—Mi plan para esta noche e