En ese momento el mundo afuera dejó de existir.
Solo existían ellos dos, el resplandor de las velas, y un profundo deseo de sentirse piel a piel flotando en el aire.
Cyrus la abrazó, sosteniéndola con una suavidad que hizo que Stella cerrara los ojos y respirara profundamente, sintiéndose tan necesitada de él.
Le rodeó el cuello con los brazos, se puso de puntillas y alcanzó su boca.
La boca de Cyrus era dulce, húmeda y muy cálida. Pero en ella también encontraba hambre, necesidad, pasi