—¡Por favor, que siga la fiesta! —exclamó James, levantando las manos en un gesto ceremonioso—. ¡No dejemos que este pequeño altercado nos arruine la noche!
Las personas sonrieron y con un asentimiento de cabeza, volvieron a sus asuntos. La música se reanudó y de repente pareció que no había pasado nada.
Sin embargo, Cyrus seguía tenso, y avergonzado también por "casi" haber arruinado la fiesta de James.
Cuando James se giró en su dirección y clavó la mirada en Cyrus, serio y con el gesto